viernes, 18 de julio de 2008

Todos por la independencia del Sáhara. Venceremos

Cartel: Madrid, 10 de noviembre de 2007 / Foto de M. Mielniezuk: Palma, 12 de julio de 2008

Quizás, algún día, los libros de Historia del Sáhara Occidental hablarán del verano de 2008 y explicarán que fue un momento relevante en el proceso de liberación del Pueblo Saharaui...

Hasta hace apenas tres años, nuestro movimiento solidario centraba sus miradas en la RASD y, por extensión, en la población refugiada de los campamentos de Tindouf. Durante casi tres décadas hemos desarrollado el movimiento de cooperación y solidaridad internacional más amplio, arraigado y tenaz de todo el Estado español. Pero a pesar de ello, no se ha conseguido una respuesta política que vaya en consonancia con este potencial, más allá de las buenas palabras y declaraciones institucionales, expresadas en instantes puntuales desnudos de trascendencia real y faltos de continuidad. Si tuviéramos que poner un ejemplo de como la perversión del lenguaje se ha utilizado históricamente para maniatar a comunidades oprimidas, el caso del Pueblo Saharaui sería sin duda alguna uno de sus mejores exponentes, por desgracia.

Sin embargo, nada o poco hay que criticar al movimiento solidario. De la misma manera que medio centenar de resoluciones de la ONU favorables a la autodeterminación del Sáhara Occidental son un preciado tesoro, las numerosas muestras de apoyo político arrancadas a lo largo del tiempo a partidos e instituciones representativas del estado, también se suman a un bagaje acumulativo que dicho y escrito está, para vergüenza de unos y para certificación legitimadora de otros, los saharauis. Durante 16 años, un pueblo modélico luchó derramando sangre con la Razón y la Ley de su lado, para acabar optando, durante 16 años más, por la Razón y la Ley como únicas armas. Este segundo camino, abierto en el año 1991, había que recorrerlo hasta el final. Y eso fue lo que hizo la RASD junto al movimiento de solidaridad.

Con el inicio de la Intifada pacífica por la Independencia en los Territorios Ocupados, en mayo de 2005, el conflicto saharaui comenzó a dar un giro inesperado. La continuidad e intensificación de dicha revuelta hasta la actualidad, confirma la consolidación de un cambio de ciclo y el nacimiento de una nueva fase en la lucha de liberación de Saguia el Hamra y Río de Oro.

La brutal violación de los Derechos Humanos en el Sáhara Occidental, las torturas cotidianas y, en definitiva, el Terror sistemático practicado por las fuerzas de ocupación marroquíes, han impregnado el día a día de la RASD y del movimiento solidario, alterando sustancialmente nuestros programas de actividades. Ya no miramos con preferencia a un solo lugar, sino a dos, separados por un muro infame de 2.500 Km.

Mientras tanto, a pesar de que la realidad de los saharauis ha empeorado con creces últimamente, pues a las violaciones de los Derechos Humanos en las zonas ocupadas se suma la grave situación de los campamentos del exilio a resultas de la reducción de la ayuda humanitaria (una verdadera estrategia de guerra para sitiarles y forzar su rendición), a lo que debemos añadir el expolio ilegal de los recursos naturales saharauis (hipotecando su futuro) y la falta de voluntad de la comunidad internacional para imponer el referéndum de autodeterminación, a pesar de todo ello, no deja de sorprender que la Resistencia Saharaui, paradójicamente, sea hoy más fuerte que nunca.

No lo ven así los gobernantes españoles con responsabilidades políticas en el conflicto, que cometen un error de bulto al pensar que nada ha cambiado. En el fondo, nos ningunean haciendo un cálculo chapucero, mediocre y prepotente. Ellos, igual que los mandatarios marroquíes, creen que un pueblo cuantitativamente pequeño como el saharaui tiene muy pocas posibilidades de resistir. Pero se equivocan...

Ciertamente, los saharauis poco más pueden crecer. Pero nosotros, los solidarios, sí podemos. Y con nosotros, crecerán ellos. Aquí está la clave.

La perversión del lenguaje a la que aludíamos al principio, se ha ido reproduciendo lentamente a modo de alien, aunque extrayendo la parte positiva cabe destacar que fue en ese espacio social en donde hicimos posible la profundización de la solidaridad con los saharauis en todas las comunidades de España, un terreno lleno de ambigüedades, en ocasiones calculadas, que sirvió para incrementar el número de apoyos, políticos y humanitarios. En este escenario floreció la sensación –dentro y fuera del movimiento solidario- de haber construido una realidad inamovible, en la que tanto los saharauis como sus amigos hacíamos lo que podíamos, pero que por la misma regla de tres, se daba por supuesto que si a los saharauis les llegase el momento en el que ya no pudieran avanzar, al movimiento solidario le sucedería, de igual manera, que en poco o en nada más les podríamos seguir prestando ayuda (sobretodo política). Temor en unos, alivio para otros...

La lógica y respetuosa distinción entre solidarios y receptores de solidaridad, dado el actual bloqueo del conflicto saharaui, habría destrozado a cualquier otro movimiento de cooperación internacionalista. Esto es lo que esperaban, y lo que esperan, la monarquía alauita y sus aliados. Segundo error. O mejor dicho, la misma equivocación...

La idiosincrasia del movimiento solidario saharaui, en la que ahora no ahondaremos para no alargar más este escrito, pero que en este período veraniego se refleja a la perfección a través de las actividades vinculadas al proyecto ‘Vacaciones en Paz ', adquiere una potencia tan singular e inigualable que lo convierte en un fenómeno difícil de destruir. ‘Nunca los dejaremos solos’ no es una afirmación anecdótica. Es un sello de identidad.

Si hasta hace tres años todo sumaba en la solidaridad con los saharauis, desde la ayuda humanitaria (a veces despolitizada) hasta la exigencia del ejercicio del derecho de autodeterminación y la reivindicación de un Sáhara Libre, y si bien hoy todavía debemos continuar defendiendo la validez del conjunto de nuestras actuaciones, la ordenación de las prioridades se ha transformado porque los saharauis han dicho basta. Junto a ellos, la red de asociaciones solidarias ha añadido su hartazgo gritando independencia. Y aquí es cuando entra otra vez en juego el cálculo matemático...

La RASD, la Intifada y la diáspora saharaui, han puesto sus cartas sobre la mesa, afirmando con claridad que no piensan rendirse porque el conflicto del Sáhara es un caso de descolonización pendiente amparado por la legalidad internacional, y porque, en consecuencia, todo proceso de descolonización tiene por finalidad que el pueblo colonizado acceda a su independencia, que es lo que los saharauis quieren y por lo que luchan. Por tanto, la autodeterminación, para los saharauis, no es el fin sino el medio, la demostración sincera de su voluntad de conseguir la libertad por vías pacíficas y democráticas. Nada más y nada menos...

Llegados a este punto, el movimiento solidario ha dicho también basta, es decir, independencia. Así lo anunciamos en la última manifestación estatal convocada por CEAS-Sáhara en Madrid, celebrada el 10 de noviembre de 2007, y así lo estamos rubricando este mes de julio en las diferentes comunidades autónomas de la geografía española, acciones impulsadas de nuevo por la Coordinadora Estatal de Asociaciones Solidarias con el Sáhara, en el marco del proyecto ‘Vacaciones en Paz 2008’. Una estrategia estrechamente unida a la campaña de recogida de firmas Todos con el Sáhara para pedir el reconocimiento del estatus diplomático del Frente Polisario.

El salto hacia adelante realizado por las asociaciones del movimiento solidario del Estado español –que recordemos, es la potencia administradora colonial-, al explicitar con nitidez su apoyo a la independencia del Sáhara (un horizonte siempre defendido), tiene una enorme importancia, porque al reclamar el principal objetivo perseguido por los saharauis, nos funde definitivamente con ellos en cuerpo y alma, haciendo de su razón de ser también la nuestra. Por siempre más seremos una lucha y tres resistencias. Y si ellos no pueden crecer, nosotros sí...

Este paso al frente ratificado en julio de 2008 por las asociaciones del movimiento solidario, significa un hermoso grito de esperanza. Es como afirmar:

‘Nosotros, los solidarios y las solidarias, también luchamos por la independencia del Sáhara Occidental, y ese es el motivo de nuestro trabajo político, humanitario y de cooperación con nuestros hermanos y hermanas saharauis. Nosotros, los solidarios, luchamos por la libertad de nuestros hermanos saharauis, y este es el sentido que adquiere proclamar que hasta que no alcancemos nuestro común objetivo, seremos, junto a ellos, una misma causa, un mismo cuerpo, una misma alma y un mismo cerebro. Seremos Pueblo Saharaui’.

El movimiento solidario del Estado español, en julio de 2008, con gran esfuerzo, mayor ilusión e inquebrantable firmeza, provisto de humildes altavoces, aunque suficientes, lanzó al mundo un mensaje de dignidad: ‘Todos somos saharauis, y con nosotros, nuestro pueblo lo integrarán millones. Por eso tenemos la certeza de que venceremos’.

Algún día, los libros de Historia del Sáhara Occidental recogerán entre sus páginas las vacaciones en paz del verano de 2008. Lo harán porque al final seremos millones los que venceremos.

Vencerán, no. Venceremos. Esa es la diferencia que alumbrará un Sáhara Libre. Pura matemática...

Sahara Resiste

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