domingo, 5 de octubre de 2008

La cólera de Mohamed VI

La Vanguardia

Mohamed Mahamud Embarec 02/10/2008

Desde 1975 hasta hoy, el asunto de Sáhara fue objeto de más de 60 resoluciones del Consejo de Seguridad y de un número incalculable de informes del Secretario General, de sus enviados especiales, de sus representantes permanentes, de la Asamblea General de las Naciones Unidas, del Comité de Descolonización. El mantenimiento del contingente desplegado desde 1991 para mantener el cese de hostilidades entre Marruecos y el Frente Polisario cuesta más de 4 millones de dólares al mes a las finanzas de la ONU.

Sobre el portal digital de la ONU figura el Sahara Occidental como uno de los 16 territorios no autónomos. Después de citar a las potencias administradoras de estos territorios, añade que la "MINURSO" se consagra a la organización de un referéndum en este territorio. Un referéndum que no se vislumbra y un contingente que efectúa una de las misiones más relajadas, confortables y lucrativas hasta el punto de desear que estas "vacaciones" se prolonguen indefinidamente, a no ser por las denuncias de explotación y abusos sexuales.

Al bloqueo del contencioso, que agrava la situación de los refugiados, se añade la cuestión de la violación de los derechos humanos en los territorios ocupados, cuya Intifada supone una nueva fase en la evolución del conflicto.

El nuevo SG de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon, definió entre sus prioridades "infundir nueva vida a una Secretaría a veces cansada e inyectarle una confianza renovada". Para no caer en los mismos errores y para intentar salir de una vez por todas de este conflicto, Ban Ki-moon se abstuvo de situarse sobre la misma longitud de onda que sus predecesores, Bouthrous Ghali, Perez de Cuellar y Kofi Annan, los cuales terminaron por inclinarse hacia las tesis marroquíes. De ahí su negativa a pronunciarse abiertamente por la solución de la autonomía e insertarla, como lo deseaba Peter van Walsum, en su informe destinado a ser votado, el 30 de abril del 2008, por el Consejo de Seguridad. El diplomático surcoreano es consciente que el proyecto de autonomía no es la única solución viable porque no concuerda con los esquemas de una descolonización propiamente dicha y sόlo será aceptada por la comunidad internacional si goza del aval de la parte más concernida, el pueblo saharaui, y éste es consciente de que sólo sería una solución pasajera antes de la absorción pura y simple del territorio por Marruecos.

La complejidad del problema hizo que el diplomático holandés, Van Walsum, rompiera el tabú que exige a un mediador de la ONU no expresar nunca su opinión personal sobre la cuestión a la que ofrece sus buenos oficios. Declaró abiertamente la incapacidad, incluso la falta de voluntad, del Consejo de Seguridad para inclinarse por una solución impuesta a las dos partes.

Su carta de despedida publicada en la tribuna del periódico El País constituye una clara denuncia de la realidad existente sobre el terreno: treinta años de bloqueo, posturas demasiado alejadas, un Consejo de seguridad que se contenta con "tomar nota" y con renovar el mandato de la Minurso y un statu quo moralmente inadmisible para un conflicto que dura 33 años, calificado por el propio Van Walsum, con toda franqueza, de injusticia cometida contra el pueblo saharaui. Es la primera vez que un enviado especial de las Naciones Unidas reconoce que la legalidad internacional se encuentra del lado del Frente Polisario, lo cual tiene el efecto de una bomba para la credibilidad de la instancia onusiense y para el Makhzen marroquí.

Aunque ciertos medios de comunicación quieren dejar entender que algunas declaraciones señalan con el dedo al Frente Polisario, Van Walsum, expresó claramente en su entrevista publicada por el periódico "TelQuel" que "era lamentable que a causa de esto, todos los proyectores se hayan enfocado sobre el Frente Polisario, en el momento en que Marruecos también había demostrado falta de realismo". Añadió que "existía en el seno de la comunidad internacional una opiniόn ampliamente difundida según la cual la posición del Frente Polisario es la más fuerte en el marco legal". En esta carta, Van Walsum concluye que "el consejo de Seguridad continuará insistiendo en una solución consensuada. Entre tanto, la comunidad internacional continuará acostumbrándose al statu quo ".

Un discurso semejante equivale a una gran dosis de pesimismo, constituye una denuncia de las instancias internacionales y una manera de buscar un efecto de choque que parece haber tenido resultados positivos: el eventual nombramiento de Christopher Ross como nuevo enviado especial para Sáhara y las declaraciones de la Secretaria de Estado americana durante su gira en el Magreb a principios de septiembre en la cual reiteró que es "hora de que el conflicto sea solucionado. Pronto habrá una nueva serie de negociaciones. Apoyaremos a estas discusiones, a esta mediación, hay buenas ideas sobre la mesa y medios para ir hacia delante. No necesitamos empezar de cero. Espero que podamos avanzar y resolver este conflicto. Lo que buscamos, es una solución mutuamente aceptable ".

Son los términos en los cuales el emisario de Washington se expresó para anunciar la implicación directa de la administración americana en las negociaciones entre el Frente Polisario y Marruecos y recordar la urgencia de haya una solución a este conflicto para poner fin a los obstáculos que traban las relaciones entre Marruecos y Argelia y promover una nueva era de cooperación en materia de lucha contra el terrorismo que amenaza la región.

En efecto, Washington concede un gran interés a la cooperación en un ámbito donde casi se juega el destino del mundo. Políticos, expertos e instituciones participan en la coordinación de los esfuerzos y sacan provecho de la experiencia argelina en este dominio, lo que hace de Argelia un punto de referencia en la lucha contra la nueva plaga internacional.

El director del FBI, Robert Mueller, señaló en abril, en Washington, que sus servicios preveían abrir una antena en Argelia para hacer frente "a las nuevas amenazas procedentes del Magreb".

El rechazo argelino de normalizar las relaciones con Marruecos sin pasar por una solución definitiva del conflicto del Sahara Occidental y la inestabilidad en la región perturban los planes americanos y el deseo de marcar algunos puntos en los últimos momentos de la administración de Bush podrían cambiar la postura americana que hasta ahora defendía el plan de autonomía.

Si la secretaria Rice calificó al presidente Bouteflika como "uno de los hombres más sabios de la región, en el Magreb e incluso más allá ", en cambio, a la cabeza del reino chérifiano se encuentra un nuevo rey que esta más atraído por los placeres de la vida que por la política.

El nuevo giro americano coloca a las autoridades marroquíes en una posición poco confortable. Marruecos ya no es el legendario aliado de EE UU, el peso de Argelia como actor principal para la estabilidad en la región y constituye un elemento nuevo en el equilibrio geo-estratégico y las declaraciones de Rice tienen un doble filo: entre "las buenas ideas sobre la mesa y los medios de ir hacia adelante" se encuentra también la proposición del Frente Polisario. Estos hechos podrían explicar la negativa del rey marroquí a recibir a Condoleeza Rice, la cual, en cambio, recibió todos los honores durante su visita a los otros países magrebíes. Habrá que esperar a que pase el enfado del rey para probar la eficacia del nuevo enviado especial, Christopher Ross.

Fuente: La Vanguardia

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