martes, 17 de junio de 2008

Reportaje en La Opinión de Tenerife: TINDUF, LA PALESTINA CERCANA (2)

Una clase de español para mujeres en el centro 27 de Febrero. Belén Molina

Ver también: Reportaje en La Opinión de Tenerife: TINDUF, LA PALESTINA CERCANA (1)

La Opinión de Tenerife
A fondo
16 de junio de 2008

TINDUF, LA PALESTINA CERCANA

Sanidad y educación básicas


Hay un antes y un después en la diáspora saharaui. El antes dura hasta 1991 y el después se ha estancado desde esa fecha en que los saharauis aceptaron el alto el fuego contra Marruecos. En el antes, las mujeres jugaron un papel clave: "Mientras nuestros hombres estaban en la guerra, nosotras levantamos esta sociedad", afirma Fatma Mehdi, secretaria general de la Unión Nacional de Mujeres Saharauis (UNMS) y diputada ante la OEA.

BELÉN MOLINA, ENVIADA ESPECIAL TINDUF Ellas mantuvieron los campamentos, se ocuparon de los viejos y los niños mientras los varones sanos guerreaban contra Marruecos. Levantaron escuelas y hospitales. Finalizada la guerra, la mayoría de los servicios básicos esenciales siguen en sus manos, pero los hombres han vuelto y reivindican su papel en la sociedad.

"Hemos visto en otras sociedades cómo las mujeres han perdido su peso en la sociedad al finalizar un periodo de guerra y no queremos que eso ocurra aquí", espeta Mehdi ante varios dirigentes del Frente Polisario. "No es cierto que seamos un matriarcado, como se dice, pero sí es verdad que las mujeres somos respetadas".

Las mujeres quieren una cuota mayor de representación parlamentaria, que en la actualidad es del 24%. Han conseguido prohibir por ley bodas antes de los 16 años y ya no existen los matrimonios concertados. Antes de la guerra era diferente. Las niñas eran casadas a los 11 o 12 años, según los intereses familiares. "Ahora las familias procuran comerle el coco a los novios, este te conviene, este no, pero las mujeres y los hombres deciden libremente con quién casarse".

Una buena dote

Las mujeres pueden tener cuantos novios quieran y casarse una y otra vez. Incluso no está mal visto que una mujer se case con un hombre más joven. Los enlaces duran varios días y el protagonista económico es el varón, que debe procurar a la novia y a su familia una buena dote: "Una casa de adobe y una jaima fuerte, enseres para la cocina y el hogar, animales y mantas sería lo básico", explica Mehdi.

El divorcio es posible si la mujer no se encuentra satisfecha con su pareja, aunque si el marido no está conforme, la última palabra la dicta una comisión de la wilaya correspondiente. No es extraño que la divorciada celebre una fiesta para señalar su nuevo estatus civil. No tiene que devolver nada de la dote al ex marido, que pasa a ocupar el papel de un hermano.

Mehdi, sin embargo, se queja de lo lejos que están las saharauis de una sociedad igualitaria. "Es una asignatura pendiente. Buscamos combinar la lucha saharaui con la liberación de la mujer. Tras la firma de la paz en 1991, las mujeres nos sentimos amenazadas, porque los hombres buscan su liderazgo en la familia y en la sociedad. Volvieron de la guerra y buscan su sitio".

En el Gobierno actual de la RADS hay tres mujeres ministras. "Nos falta introducir el concepto de género. A la mayoría de los saharauis no le cabe aún en la cabeza que una mujer pueda ser presidente", añade Fatma Mehdi. El peligro es mayor por cuanto toda una generación de jóvenes nacidos en los campamentos de refugiados se educa desde 1991 y a partir de los 12 años en Libia, Argelia o Cuba.

Es el caso de Sama, 30 años, uno de los guías que acompañaron a la expedición canaria en Tinduf. Después de 17 años en Cuba vive como refugiado en Smara. ¿Por qué no vivir en otro lugar del mundo, incluso en la misma Cuba, donde abrir un grifo y que salga agua es lo habitual? "Porque este es mi hogar", asevera sin titubeos.
Pese al viento y al sol, "este es mi hogar, es donde me siento cómodo, es donde quiero estar y trabajar, es donde tengo mi proyecto de vida".

Los dos pilares de la sociedad saharaui son la educación y la sanidad. Ambos son sustentados por saharauis educados fuera de los campamentos. En el hospital comarcal Bachir Lehlaui se atiende a unos 200 pacientes diarios. No sufren patologías graves sino diarreas, vómitos, resfriados y sobre todo, partos, en torno a cuatro por jornada. Dispone de 40 camas, pero las patologías graves son derivadas al Hospital Nacional, que dispone de dos quirófanos.

El hospital Bachir Lehlaui cuenta con servicios de urgencias, ginecología, pediatría, oftalmología, El principal problema de la sanidad saharaui no es la falta de médicos, sino de material y medicinas. Abdrabi Ahmed, oftalmólogo, educado y especializado durante 19 años en Cuba, explica que dispone del mejor instrumental para graduar la vista y hacer gafas pero le falla lo esencial: monturas y cristales que tallar.

No hay datos de mortalidad ni de fertilidad. Ni siquiera hay un censo de población fiable, asignatura pendiente de Naciones Unidas. Nada queda del último censo oficial, el de 1975, lo que es un escollo para las pretensiones saharauis.

Colegio de seis a doce años

"Cabe pensar de qué sería capaz esta sociedad si tuviera todos los elementos a su favor, si no estuviera en el exilio", razona el diputado socialista Santiago Pérez, uno de los expedicionarios a Tinduf. "Sobre todo si se les compara con algunos países subsaharianos en los que no hay falta de materias primas pero a sus ciudadanos sí les falta de todo".

Si la sociedad saharaui tiene un mérito es la de haberse construido a sí misma desde el vacío absoluto. Como reflexiona Pérez, no tiene qué envidiar a las naciones que la circundan. Superan a Marruecos, Argelia y Libia en índices de alfabetización de sus ciudadanos sin distinción de sexo, lo que ya marca una diferencia con otros países cercanos, como Senegal o Mauritania, donde la escolarización primaria y secundaria no está garantizada al cien por ciento, y la educación universitaria es un privilegio.

En la escuela 17 de Junio, en Smara, se educan 980 niños y niñas en dos grupos de mañana y de tarde. El centro, con paredes de adobe como el resto del paisaje urbano, es atendido por 38 profesores, la mayoría mujeres. Allí, como en las otras escuelas de las restantes wilayas, el curso escolar comienza en septiembre y acaba a primeros de junio, cuando el calor reseco ralentiza hasta el más mínimo movimiento. Se imparten clases de primero, segundo, tercero, cuarto, quinto y sexto grado, de los seis a los 12 años de edad, aunque el pasado curso faltó material escolar para los alumnos más mayores.

En esas edades, entre los seis y los 12 años, algunos grupos de menores viajan en verano a diferentes provincias españolas, entre ellas Santa Cruz de Tenerife. La decisión de viajar depende en parte del consentimiento de los progenitores, aunque todos aseguran que desean que sus hijos salgan de los campamentos, al menos unos meses al año. Otros menores terminan acogidos de forma temporal en España y estudian varios cursos en colegios públicos, pero a partir de esa edad máxima, los estudios secundarios y superiores están prohibidos salvo que se cursen en Cuba, Argelia o Libia.

Vuelta a las armas

La marca de esa enseñanza empieza a notarse entre los saharauis. Algunos jóvenes comienzan a ver con resquemor determinados privilegios de la mujer, y la mayoría de los nacidos bajo la condición de refugiados reclaman la vuelta a las armas. En Tinduf hay siete regiones militares con sus correspondientes bases en las que se entrenan unos 15.000 saharauis. La decisión de volver a la guerra se aceptara o descartará en unos meses.

Fosas comunes para Garzón

Alí Omar Buzeid es el primer testigo que ha declarado ante el juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón en una querella por crímenes de lesa humanidad y genocidio contra 13 altos mandatarios durante el reinado de Hassan II. La querella ha sido promovida por el propio Omar, hijo del desaparecido, y por varias asociaciones de derechos humanos. En octubre pasado, Garzón se declaró competente para llevar a cabo la investigación judicial, que no va a resultar fácil porque la mayoría de los acusados eran hombres de confianza del mismo rey marroquí. Entre los imputados destacan dos nombres: Housni Ben Sliman, superior que dirigió y ordenó las matanzas en Smara en 1976, y Abdelhafid Ben Hachem, presunto responsable de los secuestros llevados a cabo en 1987 en El Aaiún y supervisor de los interrogatorios bajo tortura. Se les acusa de torturas, homicidios y desapariciones. Uno de esos desaparecidos fue Omar Bezuid, secuestrado por la Policía marroquí una tarde en la que acudía a su tienda de la Smara ocupada. "Supe por otras personas que también fueron encarceladas junto con mi padre que la Policía se lo llevó a la Gerdarmería y que al cabo de unos días ya no razonaba. Le torturaron de tal manera que perdió la razón". Desde entonces no ha vuelto a saber de él. "Lo único que pido es saber qué ha pasado, dónde está el cuerpo de mi padre para enterrarlo con el resto de mi familia, Que se haga justicia", indica Omar. No transmite afán de venganza, sino un cansancio eterno por tantos años de preguntas sin respuestas. Tan solo el año pasado fueron descubiertas dos fosas comunes, una cerca de un complejo militar en Smara y la otra cerca de la Cárcel Negra de El Aaiún. Omar Buzeid vive ahora en los territorios ocupados. Lleva desde 1991 sin tener contacto con su madre y sus hermanos.

Fuentes:
* La Opinión de Tenerife
*Servicio de Comunicación Saharaui en Canarias (SCSC)

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