lunes, 18 de febrero de 2008

Cuando florece la ternura en silencio, por Brahim Chej Breih

Poemario por un Sáhara Libre
17 de febrero de 2008

Sería totalmente distinto empezar este artículo, sin hacer esta pequeña dedicatoria a estas personas. Primero a mi compañera sentimental, la mujer que ha estado a mi lado en las buenas y en las malas, a mis amigos Mohamed Zrug, Dila Salama y Tcherif Habadi por su desinteresada amistad, por sus llamadas de apoyo; a Diego Muñoz mi amigo y compañero del Sahara maratón, y su mujer por abrirme su casa y dejarme jugar con sus hijos; a Miguel Caselles por su apoyo moral; gracias a Bahia, un escritor y poeta saharaui de Poemario, por invitarme a tomar un café y su interesante conversación, que sin duda me ha animado a no tirar la toalla en este momento y continuar mi lucha personal.

A mi hermana, Tiba por estar al lado de nuestra madre tres meses, día y noche en el hospital, sin poder estar con su hijo recién nacido; gracias hermana por comprenderme en los momentos que no he estado a tu lado, debido a mi compromiso y mi deber con la causa.

A todos los médicos, enfermeros y enfermeras del hospital militar de Carabanchel, muchas gracias; también gracias a Dios por que hayamos nacido saharauis, que es una identidad que muchas veces te hace ser apreciado por la gente.

A todos mis amigos, que a pesar de todo los quiero mucho.

Esta vez han sido los hijos los que han visto a su madre nacer, después de muchos meses de miedo y de preocupación pero siempre con una fuerza y una esperanza y sobre todo en la confianza en los médicos. Lo más importante de todo era hacerla sonreír todos los días a pesar de todo, hacerle creer que su enfermedad no es más que un dolor interior y que con la operación y las pastillas desparecerá todo, con el objetivo de animarla para sacar su fuerza y su voluntad de vivir.

Gracias a la fuerza humana ha superado este tumor, que muchas veces ella ha intentado descubrir pero esta vez gracias a Dios que no sabe hablar el español, nunca supo su verdadera enfermedad; confío en que todas las personas que la conocen no le dirán nada, sino sería peor todavía y seguro que jamás me perdonaría a mi y mi hermana, créanme incluso que al final tuvimos que decirla que su enfermedad se llama “cuentitis”, de cuento.

Este relato que he escrito, tal vez es para desahogarme después de la angustia, pero también es para transmitir mis ánimos a todas las personas y esta experiencia familiar para decirles que cuando una persona tiene esta enfermedad no debe rendirse y tirar la toalla, que siempre hay esperanza. Y no solamente en la enfermedad sino en la vida cotidiana que cuando alguien cree en algo debe luchar por ello hasta la última consecuencia, cueste lo que cueste, y más aún cuando se trata de vivir libre.

Para ellos, y para todas aquellas personas que cada día lo primero que hacen es conectar con internet para ver si hay alguna noticia esperanzadora sobre el Sahara, he escrito este poema con todo el amor.


El sol tiene manchas Como la luna.
Desde que se alza no quieren que nadie les mire la cara.
Los niños de mi tierra les miran desafiantes
y se ríen de su cara

El sol se levanta todos los días a la misma hora.
Yo también, pero a veces más tarde.
Camino tanto bajo el sol ardiente,
lloro tanto como cuando el cielo se enfada,
porque también los hombres del desierto lloran

Cuando siento que el sol se ríe de mí vuelvo a mi jaima
junto al té, amargo, dulce y suave, suave.
Pronto el cielo cierra sus cortinas y llega la noche.
Me rindo frente el sueño
como un soldado en un campo de batalla.
Duermo, duermo y sueño que estoy bajo otro cielo.

El maldito gallo canta como siempre.
Entra la luz del sol provocadora en la jaima.
Abro los ojos y veo que es el mismo cielo de siempre,
otra vez la rutina y el ritual de siempre.
Amargo, dulce y suave.
Vienen los amigos de siempre y se van
y vendrán otros y se irán.

De pronto el sol se rinde,
se esconde entre las nubes.
Como una mujer de mi tierra cuando se casa,
me quiere pero se esconde

Los niños salen de las jaimas
para limpiar sus almas bajo el agua de la lluvia
El desierto tiembla, llega la noche
Las estrellas tampoco están
Los niños se rinden y buscan el calor de la jaima.

La jaima está mojada como todas.
No habrá sueño esta noche, solo miradas.
Al amanecer el sol a la misma hora se levanta sonriente,
no tiene la culpa de nada.
Las jaimas vuelven a levantarse
Las miradas, las sonrisas, los ánimos y la esperanza
El desierto vuelve a ser lo mismo sin agua

Vuelvo yo a mi ritual de siempre Amargo dulce y suave.
El sol tiene manchas como la luna.
Los niños de mi tierra
les miran desafiantes y se ríen de su cara.

Brahim Chej Breih

Fuente: POEMARIO POR UN SAHARA LIBRE