sábado, 29 de marzo de 2008

Cinco millones de minas antipersona en el Sáhara

VIAJE A LA GUERRA
(Blogs 20minutos.es)
28 de marzo de 2008

Por más que uno intente ponerse en el lugar del otro, existen destinos tan maltratados por la vida que resulta un ejercicio fútil.

Sarik Mohamed resultó herido por una mina antipersona durante la guerra entre el Frente Polisario y Marruecos. Desde entonces, buena parte del cuerpo le resulta ajena a su voluntad.

Conversamos. Intento agacharme, situarme a su altura, para acortar las distancias físicas, porque las otras, de las experiencias vitales, de los destinos, parecen insalvables.

Sarik habla casi susurrando. “Llevo más de veinte años en una cama”, afirma y permanece en silencio. Por la ventana se cuela la luz resplandeciente del desierto y el susurro del viento sobre la arena.

Una cama en el desierto

En el hospital Heridos de Guerra Mártir Cherif hay 54 internos. La mayoría de ellos antiguos combatientes del Frente Polisario que no pueden valerse por sí mismos. Las condiciones sanitarias en las que viven son buenas en relación a los campamentos de refugiados. Tienen agua corriente, electricidad. Y cada uno cuenta con su propia habitación.

Una característica del centro médico que resulta ciertamente desazonadora: se encuentra literalmente en medio de la nada. Rabuni, la capital administrativa del exilio en la hamada argelina, apenas se vislumbra en el horizonte. Esto hace que a la reclusión de estos hombres en sus cuerpos maltrechos se sume el aislamiento físico del resto del mundo.

Minas marroquíes, víctimas saharauis

Desde el comienzo mismo de la guerra, los marroquíes empezaron a sembrar el terreno de minas antipersona para tratar de detener a las fuerzas del Frente Polisario. Según me explica Boybat Cheik Abdelhay, director de la organización Sahara Campaign to Ban Landmines, parte de estas armas les fueron vendidas al reino alauí por España.

El muro de Marruecos, frente al que más de 2.000 personas nos manifestamos hace menos de una semana, está antecedido por más de cinco millones de estas minas, que también se encuentran esparcidas del otro lado, en el territorio ilegalmente ocupado desde la Marcha Verde.

Esto convierte al Sáhara Occidental en una de las regiones más minadas del mundo. La lista la encabeza Camboya, con 10 millones de minas y un mutilado cada 236. Luego viene Angola, con 9 millones y un lisiado por cada 407 personas). Después siguen Bosnia-Herzegovina, Afganistán, El Salvador, Nicaragua, Colombia, Sudán, Mozambique, Somalia e Irak.

La única diferencia con la mayoría de estos países es que en el Sáhara nadie las está sacando del terreno porque sería una forma de desbaratar la estrategia marroquí para mantener a los saharauis alejados de su tierra ancestral.

Convención de Ottawa

Al no haber firmado la Convención de Ottawa, Marruecos no tiene obligación de dejar de emplearlas. Pero la República Árabe Saharaui sí se ha sumado al tratado. Y ha ido destruyendo progresivamente su arsenal.

Hasta hoy el Tratado ha sido ratificado por 144 estados. Se dice quienes la suscribieron ya han destruido 37 millones de minas. Esta campaña internacional obtuvo el Premio Nobel de la Paz en 1997.

Entre los países que no lo firmaron se encuentran además de Marruecos, Estados Unidos, China, Rusia, Israel, Pakistán, Sudáfrica, Corea del Norte y del Sur, Nepal, India, Singapur y Vietnam, que son algunos de sus principales productores. Entre todos tienen almacenadas 185 millones de minas.

En el terreno se estima que permanecen 110 millones de minas esparcidas en 64 países, la mayoría de ellos africanos. Al año más de 26.000 personas mueren o sufren mutilaciones como consecuencia de este armamento que no distingue entre civiles y combatientes.

Pueden permanecer activas durante más de 50 años después del fin de un conflicto. Colocar una mina puede costar 1,8 euros, pero desactivarla puede llegar a mucho más: hasta 718 euros.

La decidida y mala voluntad de Marruecos hace que, esporádicamente, alguna persona se lleva por delante uno de estos artefactos explosivos, y se suma así a un destino mermado, condicionado hasta el final de sus días, como el de Sarik Mohamed.

Fuentes:
*VIAJE A LA GUERRA
*TRAB EL BIDAN, el Sàhara i la llibertat dels sahrauís
*COMITÈ CATALÀ PER LA DEFENSA DELS DRETS HUMANS AL SAHARA OCCIDENTAL