miércoles, 17 de noviembre de 2010

Carta abierta a mis amigos saharauis


ESTÉTICA EN TIEMPO DE edición EN TIEMPO DE ESTÉTICA
15 de noviembre de 2010

Carta abierta a mis amigos saharauis

No quedan muchas maneras de haceros llegar nuestro cariño, y ni siquiera de hacer llegar a la luz pública vuestra voz, la voz que con tanta santa paciencia nos habéis ido transmitiendo poco a poco, desde hace años, vuestra voz nómada, afectuosa, hospitalaria, abierta a habitar el espacio sin fronteras, con la sola carga de una sencilla y comunitaria jaima. Sabemos que estáis separados entre vosotros por un campo de minas, además de por un abismo de desesperación e incertidumbre después de la masacre que os está tocando sufrir (de la cual desconocemos la mitad), pero sentimos de manera clara y diáfana, porque lo vivimos en la piel, qué muros inmateriales nos impiden llegar hasta vosotros y qué cortinas de fango os separan de nosotros y del resto del mundo. Nada está cada vez más claro en el siglo XXI que vivimos: os separa el muro de silencio de la comunidad internacional, su servilismo a la reserva de privilegios de los poderosos del norte y del sur, a su amenaza de parar el tren; la insensatez, el cinismo y la cobardía de un gobierno en particular, su insoportable falta de responsabilidad ante sus obligaciones morales y legales, aquellas con las que hizo en su momento de administrador de una colonia a la que todavía le unen vínculos legales; el atropello, anidado en una espiral de saña, nocturnidad y humillación por parte de la dictadura que os somete, colonialista en época de poscolonialismo, genocida en época de especial mascarada y maquillaje de los genocidios, manipuladora de su población en busca del enemigo, hambrienta por comerse unas migajas pertenecientes a pueblos que verdaderamente las necesitan; y, para cerrar el círculo, la omisión de información que lleva a cabo cada día el monopolio mundial de los medios de comunicación. Ya no vale el cuento de la pluralidad informativa y el torrente de noticias al abasto de la población mundial: existe un claro filtro en los flujos de información, un claro control del ritmo de los contenidos y, en último extremo, una neutralización y omisión de cualquier hecho que toque el interés de los propietarios del monopolio económico y político internacional.

Pero el último paso del cinismo contemporáneo ante la razón de la memoria, ante los hechos del entendimiento en el presente, y ante el cuidado ético de un futuro en el que quepan las minorías, con la correspondiente integración real de sus cuentas pendientes, ese último paso, es la destrucción del menos poderoso, su aniquilación. Es muy doloroso comprobar en casos como el vuestro (ni mucho menos el único en el mundo actual) la cruda realidad: que todo el duelo del siglo XX por sus víctimas, que toda su teoría purificadora del genocidio cantada a gritos en la tardomodernidad, y pregonada como superación del totalitarismo en su estribillo contemporáneo, que todo su maquillaje tecnológico hipertextual, que toda su catarsis mediática antitotalitaria, eran nuevamente faroles de un tahúr oportunista que había aprovechado sus nuevos trajes de moderno y sus nuevos juguetes para el público para aprovechar la ventaja de su máscara. No podemos hacer otra cosa que intentar seguir haciendo de terceros, en un mundo en el que hacer de terceros está siendo castigado con una losa de acusaciones, exclusión y final indiferencia. Vuelven también los terceros a estar otra vez en peligro, como en el siglo XX. Los últimos responsables de ello son quienes potencian la epidemia del maniqueísmo, el rechazo del mediador, la eliminación del mensajero y la distancia en los conflictos, la alimentación estratégica del enemigo, la sistemática reconstrucción del dualismo, la siniestra publicidad de la egolatría de todos y la negación nocturna del otro.

No puedo haceros llegar la voz de otra manera. El último paso del tirano es castigaros en el corazón de vuestro futuro, en el centro de vuestra pacífica resistencia. Es el paso más vil, más sucio, pero es así porque vuestra resistencia es lo que más le duele, porque la resistencia no es fácilmente divisible, porque su visibilidad es suave, pero persistente. El tirano que tiembla suele dar el paso en el ancho territorio de lo explícito, rompiendo las mismas cartas del juego, haciendo borrón y cuenta nueva incluso con las propias reglas del juego que ha impuesto y se le han vuelto en contra (y esto vale para los tiranos del norte y del sur). No neutralicéis vuestra resistencia, seguid extendiéndola y haciéndola cada vez más rica, como hacéis con vuestra voz nómada y como muestran vuestras jaimas en las marcas de frontera y en todos los tramos del dualismo. Persistid en vuestra visibilidad, en vuestro activismo, hacedlo por vosotros, pero también pensando en que vuestra lucha es la misma lucha de todas las causas minoritarias en el mundo, la misma resistencia de cada ser singular de este mundo, aunque traten de diferenciarla, humillarla y criminalizarla. Como individuo, como persona, como ser singular, no puedo hacer otra cosa que difundir con vosotros el eco, irradiar la vibración de nuestra resistencia, modelar el espacio con nuestro tejido, con un eco que es el nuestro, el de cada uno de nosotros relacionados.

Fuente: ESTÉTICA EN TIEMPO DE edición EN TIEMPO DE ESTÉTICA