miércoles, 6 de febrero de 2008

Generación de la Amistad Saharaui. 'Lavapies' y '¿El enfermo o el equipo?'


Generación de la Amistad Saharaui

Lavapies

Lo cierto es que esta frase no es mía: “La historia se repite” y si lo fuera, ¡cómo me sentiría! Pero hará un cuarto de siglo que dejé en mi tierra una armónica convivencia entre dos religiones y varias civilizaciones, musulmanes, cristianos, africanos, orientales, occidentales…Este recuerdo vuelve a mi memoria cada vez que tomo la línea 1, metro azul, y la 3, metro amarillo, y bajo a ese barrio de Lavapiés anclado en el corazón de Madrid. Arabes, europeos, orientales, latinoamericanos, componen la sangre que alimenta la vida de estas calles con sus diferentes lenguas y ropas, sus comercios, restaurantes, comida turca o libanesa, carnicerías con mercancía sacrificada según las creencias musulmanas, los puestos de los africanos con sus collares y abalorios de preciosas piedras, figuritas talladas que representan sus milenarias culturas, ropa de infinitos colores y, adaptados al nuevo siglo, se prodigan locutorios que facilitan el contacto con sus raíces en los diferentes continentes.

Cada vez que transito por la calle Ave María, la más fluida del barrio, recupero un lejano pasado, cuando por los años 70, en mi infancia, caminaba por las calles de El Aaiun, Villa Cisneros, Smara, Lagüera o Auserd. Allí no distinguíamos entre la palabra extranjero y saharaui. Senegaleses, mauritanos, malineses, argelinos, marroquíes y españoles de diferentes regiones hacían su vida con total tolerancia y sin hacer diferencias entre todas esas culturas.

Y ahora, cuando escucho palabras como inmigrante, ley de extranjería, sudaca, moro, invasión, o hasta el extremo de llegar a hablar de “reconquista”, yo me pregunto por qué no se quiere entender que la gente desea convivir sin hacer diferencias raciales y que el Tercer Mundo, azotado por las crisis económicas, políticas y el subdesarrollo creado por las grandes potencias ha sido el catalizador de esta enorme masa de seres humanos que buscan hacer una mejor vida y ayudar al desarrollo de sus pueblos. Mucho me irrita la palabra extranjero, tan usada aquí para nombrar lo que para nosotros es huésped.

Yo no puedo olvidar que España fue un país de inmigrantes por razones de guerra, de pobreza y de problemas políticos. Espero que sepan mirar hacia atrás y recuerden este pasado. Ese pretérito lo es hoy Africa, América Latina y otros países de la misma Europa. La historia y el progreso de los grandes les condena a mirarnos a nosotros los pobres y a entender que nuestro futuro es común, el de los pobres y el de los ricos.

Me siento ciudadano del mundo, no concibo fronteras, ojalá existiera una ley universal que nos concediera un pasaporte común y sin visa. Tengo un sueño que me gustaría que fuera igual para todos, me encuentro en Bombay, Damasco, El Aaiun, Nueva York, París, Londres, Sidney, Tombuctú o este mismo barrio de Lavapiés, y nadie mira de reojo, con ese gesto de “no es de los nuestros”, por el color, blanco, negro o mestizo, o la forma de hablar, de vestir o de rezar. Somos ocupantes de un arca a la que amenaza mal tiempo, o aunamos nuestros esfuerzos o nos hundiremos todos juntos.

Y aquí me encuentro, haciendo esta pequeña reflexión un domingo por la mañana sentado en la Taberna La Inquilina, en plena calle Avemaría de este barrio de Lavapiés en medio de carteles de músicas del mundo. Me miran músicos gallegos, gitanos, franceses, argelinos, ingleses, estadounidenses, andaluces e incluso de Cabo Verde y sentado a mi lado tengo un grupo diverso de personas, diferentes tonos de piel y diferentes acentos. Todos estamos aquí, algunos a miles de kilómetros de nuestra tierra, pero por alguna extraña casualidad, aquí nos encontramos, en Lavapies, deseando que no nos hagan sentir extranjeros.

Octubre 2001

Bahia Mahmud Awah


¿El enfermo o el equipo?

Aquel viernes el médico de guardia del hospital militar se sorprendió al ver subir en la ambulancia del centro a varios de sus compañeros de trabajo, con el uniforme deportivo, animándose y vociferando sus cánticos de guerra. Se acercó hasta ellos y, al darse cuenta de su propósito, les indicó que la ambulancia iba a trasladar un paciente al hospital de Tinduf, que padecía un fuerte dolor abdominal, su dolor era cada vez más intenso, con vómitos y aspecto extraño. Los gritos y cánticos se pararon, hubo silencio y decepción. No había otra posibilidad para jugar el partido de la final contra sus eternos rivales del “12 de octubre” que ir en la ambulancia.

- Imagínese, perder la final, por no asistir. Lo que van a decir los del “12”- dijo el capitán del equipo.

- Van a creer que tenemos miedo y, lo peor, es que no saben que nuestro camión se le han estropeado las ballestas y, no puede llevarnos - argumentó uno de los defensas.

- El paciente puede esperar - dijo el portero en broma, como quitándole hierro a la situación.

- Hay que evacuar el enfermo a Tinduf - insistió el médico de guardia.

- ¿El enfermo o el equipo? - preguntó el conductor de la ambulancia para poner en aprieto a los jugadores.

Unos querían que la ambulancia se llevara al equipo, otros al paciente. La polémica duró largo rato. Finalmente resolvieron llevar a los jugadores y dejar al paciente.

Limam Boisha

Fuentes:
*Generación de la Amistad Saharaui (blog)
*Generación de la Amistad Saharaui (web)
*POEMARIO POR UN SAHARA LIBRE